Reseñas

Sobre mi poesía dicen... Sobre lo que escriben otros digo...

Frost (Escarcha), de Luis Miguel Sanmartín-La poesía como revelación

por Isabel Rezmo



Reseña de FROST (ESCARCHA), de Luis Miguel Sanmartín

por Faustino Lobato

Nueva reseña de TRECE


El espacio matemático de la palabra en "Trece", de Luis Miguel Sanmartín

POR JOSÉ ANTONIO OLMEDO LÓPEZ-AMOR


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Reseña

Luis Miguel Sanmartín (2019): TRECE, Olé Libros, Valencia

por Cristina Sarrió

Luis Miguel Sanmartín es un poeta que irrumpió en el panorama poético de la ciudad de Alicante hace dos años y en poco tiempo ha ocupado un espacio literario e intelectual cada vez más amplio, traspasando fronteras y ganando en reconocimientos. Lo conocí hace tres años y quedé maravillada con la obra poética que compartió conmigo cuando todavía era inédita. Tuve claro muy pronto que me dedicaría a estudiar en profundidad su obra y que colaboraría en la difusión de su poesía, sin ninguna duda.

Reconozco que me resulta fácil hacer publicidad de un libro como TRECE porque es un libro maduro, fruto de la prudencia y de la revisión constante y en silencio:

En TRECE el poeta nos ofrece muchas pistas sobre cómo concibe la creación poética, partiendo de un gran nivel de autoexigencia y un respeto total y absoluto por este oficio que disfruta al máximo y del que se declara aprendiz, cosa que lo hace todavía más grande:

De hecho, en TRECE, como también en sus otros dos libros publicados (...Y ahora somos tres y Art Nouveau), razona con una coherencia envidiable sobre la superioridad moral del acto de escribir: gobernar, gestionar las ideas que acuden a la cabeza a manera de borbotones...

En este proceso creativo, también hay momentos de duda y desesperanza:

Sin embargo, estamos ante un poeta osado, que respeta profundamente su oficio y a los lectores, que busca constantemente crear versos ricos en expresión, en musicalidad, que no defrauden, un poeta que escribe por necesidad:

Con TRECE demuestra que siempre se puede innovar, siempre se puede crear algo nuevo jugando con las palabras. Es admirable su capacidad de despertarnos el gusanillo de la curiosidad poética. 

Si atendemos a la estructura del libro, Luis Miguel Sanmartín se sirve de la estructura acróstica del TRECE para presentarnos un primer capítulo en el que parece que nos quiere explicar el libro, pero realmente es una deliciosa trampa. Cinco poemas integran esta primera parte a modo de introducción:

Cada uno de estos cinco poemas conecta con una de las cinco partes en que se estructura el poemario:

Trece poemas componen cada una de estas partes. Trece poemas en los que hace un uso intensivo de la palabra: le obsesiona el ritmo, homenajea a la métrica que llama nuevamente al poeta y le recuerda "su origen y escombrera", prescinde de la rima y de los signos de puntuación, juega con la tipografía, prueba con nuevas disposiciones formales de los versos, quiebra estrofas...

Se sincera con los lectores y comparte con nosotros sus recuerdos y experiencias vividas o imaginadas y su bagaje cultural a través de múltiples referencias. Se inventa personajes en los que el yo poético se desdobla, nos confiesa, como hemos dicho, que escribe por necesidad y que al hacerlo desea proyectarse hacia el futuro. Nos muestra sin pudor las tripas de algunos de sus poemas y confiesa que se siente protegido cuando escribe:

Siguen las confidencias, sigue el diálogo con los lectores y nos desvela su interés por sugerir siempre, sacrificando el significado, si es preciso. Nos cuenta también sus miedos, dudas y deseos y lo hace siempre con serenidad, con equilibrio:

Vuelve a seducirnos, como en sus otros dos poemarios citados, con el tratamiento que hace del amor: incertidumbres emocionales ("el amor es verdad / pero cuesta encontrarlo"), erotismo y sensualidad. Lo hace con una elegancia tal que apetece descubrir la fuente de esa sensualidad, apetece acariciar y acariciarse, mirar y mirarse, respirar, sentir que existes como cuerpo sensible y ser plenamente consciente de ello. Y eso, que es tan sustancialmente humano, nos hace mejores, sin ninguna duda:

¿Su amante perfecta? La poesía.

¿Su fuente de inspiración? La vida.

Una última parte a manera de APÉNDICE aporta cinco poemas más al conjunto. Más guiños al número 13, un poema con rima, el único del libro. Se inventa palabras, sigue jugando con ellas, hay más dosis de ironía...

En definitiva, en TRECE nuestro poeta confía ciegamente en las palabras y hace con ellas un admirable ejercicio de libertad creativa emocionante y verdadero. Y es que en este poemario todo resulta PALABRA.

Nada en TRECE está sujeto a la precipitación, nada es fruto de la improvisación. No puede serlo un poemario como este repleto de tropos, figuras de pensamiento, de dicción, de construcción, una buena fuente de ejemplos para un diccionario de retórica. Sin duda, es un libro hondo, pleno y bello, una mezcla equilibrada de impulso y método, un poemario que nos hace salir de nuestra cerrazón y ser más sensibles al sentir.

Dejaos seducir por este poeta culto y la manera particular que tiene de mostrarnos su verdad poética, cuidando hasta el último detalle. Entrad de su mano en el mundo de las sensaciones, del extrañamiento. Es el impacto estético que produce en nosotros, sus lectores, lo que hace que encontremos en TRECE momentos muy significativos en los que, insisto, la palabra precisa y desnuda de cualquier adorno cobra un papel muy importante y realiza perfectamente la función estética para la que ha sido elegida por nuestro poeta. Y, estaréis de acuerdo conmigo, no hay poder humano comparable al de la expresión a través de las palabras.

Siento el placer, la emoción y, si me lo permitís, el estremecimiento de tratar a este poeta muy de cerca y de una manera profunda. Lo admiro desde la franqueza, la libertad y la honestidad. Me fascina esa forma tan suya de acercarse el máximo posible a la perfección con humildad.

Sin duda, ha valido la pena, poeta, que tu poemario TRECE haya tomado "cuerpo impreso" y se haya editado de una forma tan cuidada.

Os invito a hacerle el mejor de los homenajes que se le puede hacer a un escritor: leer su libro.

Reseña de LOS ESPEJOS DEL AGUA, de Pedro Villar, por Luis Miguel Sanmartín

Con regusto sincero de lector seducido, comienzo esta exégesis del libro de poemas de Pedro Villar Sánchez, LOS ESPEJOS DEL AGUA. Hace ya unos meses que comencé la lectura de este bello poemario y en seguida fui consciente de que la profundidad de su contenido bien merecía una mirada sosegada y tan concienzuda como calurosa. Razón y emoción unidas en aras del buen juicio, de la opinión inteligible, del placer de mostrar el corazón desde el latido.

Con regusto sincero de lector seducido, comienzo esta exégesis del libro de poemas de Pedro Villar Sánchez, LOS ESPEJOS DEL AGUA. Hace ya unos meses que comencé la lectura de este bello poemario y en seguida fui consciente de que la profundidad de su contenido bien merecía una mirada sosegada y tan concienzuda como calurosa. Razón y emoción unidas en aras del buen juicio, de la opinión inteligible, del placer de mostrar el corazón desde el latido.

LOS ESPEJOS DEL AGUA es una colección de 58 poemas, editada y publicada por el sello valenciano Olé Libros, en 2019. Poemas que albergan la metáfora del mar como arquetipo o modelo de lo que la realidad refleja, en un estimulante juego lírico de proyecciones y reflexiones, donde tiene cabida la infancia, el amor, el desconocimiento, el desvalimiento y, en definitiva, los grandes misterios que acompañan al ser humano, al poeta, en sus progresos y en sus regresos.

Poemas de verso libre y ritmo sedoso de espuma leve, merced a un campo semántico, en líneas generales, repleto de motivos naturales, que afirman el interés del poeta en comprenderse dentro de un marco tan dudosamente concreto como inaprensible. Y es que la sed se halla en la mirada y no en fluido alguno. Y la sed del poeta no es otra que la palabra, su búsqueda, el dolor ante las limitaciones, líricas y humanas.

Poemario de poeta hecho, este que aquí traigo, como decía antes, con pleno interés. Poemario de poeta en estado de gracia, sabiendo, absolutamente siempre, los terrenos que pisa, conocedor de lo que explora, gracias a un oficio adquirido a lo largo de los años y a una sensibilidad que lo conecta, con precisión, al universo que describe.

Y es que este poeta que nos habla, unas veces, desde la mirada del niño que fue, desde esa voz sincera y, otras veces, desde el desvalimiento, desde la búsqueda de referentes externos, escribe para nosotros, para cada uno de nosotros, tratando de hallar en ese diálogo íntimo con el lector, el sonido de las caracolas, la canción del agua y el murmullo del viento. Porque Pedro Villar sabe que, en el espejo de tu rostro, de nuestro rostro, la poesía es salvación, pues luz entre la niebla / tejen las palabras. Y esa salvación también se la ofrece el mar, metáfora de la constatación. Es en ese mirar el mar, en ese mirar al mar, ambas a la vez, pues no es la misma acción, donde el hombre percibe la existencia y la necesidad.

Observo, sobre la estructura del libro, una construcción a base de poemas monoestróficos, que se asemejan a torres vigías o a boyas, incluso a faros, referencias externas, como antes apuntaba, que simbolizan la unidad del ser ante el temor a perderse. Manteniéndose incólume el yo poético, surtido de señales y elementos visualizadores, será más llevadero el olear del verso al golpear la estrofa, sobre el cantil desolado del poema. En lo formal, junto al ya referido ritmo que imprime la dulzura del lenguaje escogido, advierto una sensualidad mantenida de vaivén y cuerpos que se mecen unidos. Y es en ese isomorfismo del oleaje y la pasión, junto con aquellos poemas donde la narración acude hasta el canto, donde el poeta despliega su arsenal léxico, sin piedad, a quemarropa, de manera que, como dice la célebre canción de The Fugees, dulcemente te mata.

Así nos dice Pedro Villar: Tu voz viene de lejos, / de las moradas de la noche, / de los dioses del mar / y los barcos hundidos..., en el magnífico poema XIV, que no es, ni mucho menos, una excepción, pues el tono en cuanto a calidad literaria se refiere, no decrece en ningún momento.

Dicho todo lo anterior, vayamos ahora con la idea central que alumbra el poemario, y sus diversas ramificaciones. El mar es un espejo, de eso no cabe duda, ya lo anuncia el título, con su metáfora implícita. Pero cómo y por qué se mira este hombre que nos habla desde el yo lírico, y para qué. Pues el libro también sugiere una poética concreta y una teoría de la vida, consistente en un camino hacia ti, como nos dice en uno de los dos versos, crípticos versos, que hacen de pórtico del grueso poemático. Un camino hacia un tú real, es una posibilidad, o hacia un yo dialógico, es decir, hacia uno mismo. Intentemos descubrirlas.

Voy a tratar de confundirlo todo pues me temo que esa sea la forma más adecuada de traslucir los mensajes. Por lo tanto me resulta obligado pasar al relato del contenido.

El libro es, a mi parecer, una queja y una reflexión. Ahora bien, queja no exenta de aceptación, pues como decía antes, los poemas encierran una teoría de la vida.

Queja, por otro lado, que se disuelve en la propia reflexión y proporciona un sustancioso material que a partir de este momento iré desgranando.

El poeta nos habla de soledad y añoranza de tiempos pasados. Se halla perdido sin los signos del agua, aflora la falacia de la tierra firme. El espejo, aun proceloso, otorga la tregua del misterio, espanta momentáneamente la crudeza de las sombras. El cuerpo de la amada acude a la memoria del farero. Desde lo alto puede divisar mejor aquello que se perdió e incluso aquello que ni tan siquiera existió. Y es entonces cuando el dolor impone su ley y la luz no sabe decodificar la memoria, encuentra el punto exacto / donde naufraga el sueño.

La luz, que todo lo conoció, trae la distancia de los siglos; / los remos mueven la historia. Esa luz que nos guiará hasta el lugar que nos corresponda, después de haber trazado infinidad de laberintos, después de haber ideado cientos de aventuras en la espiral del tiempo.

De repente, envuelven las contradicciones la voz del poeta, del superviviente, porque es humano desconocer, porque nadie termina donde ha comenzado, aunque cada uno de nosotros sepa que se ha de hacer redondo / si quiere perdurar, / que ha de pulir los cantos, las aristas, / para llegar al círculo, porque el mar es la pregunta, y la respuesta va prendida en las olas.

El yo lírico nos advierte de los peligros de la existencia, de los naufragios del desconocimiento y el error, de la certeza de la duda. Temblamos ante el silencio, demandando el bálsamo de la palabra, ese mensaje de náufrago que nadie ve, esa mano extendida hacia la voz. Y el poeta está dispuesto a arrancar la expresión, de los lugares más recónditos del ser, sin escatimar ni un ápice de entrega en el empeño, arriesgando en el verso con la sencillez del paso sobre la roca húmeda, caminando sobre el borde del precipicio, acantilado / donde se ocultan las palabras.

En esa soledad tan necesaria como temida halla el poeta el ritmo de las olas, para escribir con la belleza de la espuma, escuchando un burbujeo que culmina en un leve estallido que deja en la mirada el perfume del mar. Mirada al horizonte, profunda como el silencio, donde la nostalgia golpea con su repique desnudo de caracola, el corazón sin rostro de los hombres.

Algunas veces este silencio del que hablo se transforma en desesperación ante la imposibilidad. Sí, la poesía está más cerca de la duda que de la certeza. El canto es la plegaria del solitario, del ser perdido ante la nada. El verso aquí se torna ruego ante el abismo inmisericorde: dadme sílabas, alfabetos, / llévame al laberinto, / nombra lo que no exista, / toca lo que no pueda ver.

Nada es lo que parece, nos dice con acierto el poeta. Ni tan siquiera la luz que nos sorprende cada mañana, despeja las dudas, ni la vida callada, que es emoción y aventura íntima. Nada nos proporcionará la llave que abra el misterio y lo libre de su densidad. Tan solo, alguna vez, en algún lugar desconocido, alguien que nadie ha visto, ha sido capaz de aislar, sin crédito alguno, ligeros e insignificantes fragmentos de la verdad.

Somos palabras, palabras; palabras de lo no dicho, derrota, olvido, cobardía, la última certeza posible,/ la última claridad, acaso el poema.

Y en esa inmensidad que nos aturde, en ese mar que siempre será victoria, una gota de agua basta para anunciar la luz; la esperanza y la realidad unidas por el chispazo de lo inefable. Consumida la luz, la luz emerge después de incendiar la noche. Tal vez luz desesperada, tal vez amarrada al reino de la penumbra, tal vez la lejanía o la espesura de la niebla, pero fulgiendo una verdad incontestable: un amoroso y largo sendero hacia uno mismo.

Todas la voces hasta llegar al tiempo; siempre se llega al tiempo. No hay discurso sin el eje verdadero. Es ese mismo tiempo al que tratamos de arrebatar, a dentelladas, golpe a golpe, instantes sublimes en el espacio del amor. El mar sería capaz de vencer ante tanta angustia por lo no resuelto, cuando el corazón tiene el tamaño del deseo, aun sin buscar lo que anhelamos.

Y el poeta nos lo canta en versos serenos que deshacen la bruma de la incertidumbre, en este poema LII de perfecto ritmo pentasílabo y heptasílabo, que recuerda a la poesía japonesa y agiganta la verdad del mensaje: Todos los sueños / serán hojas de olvido / cuando te alejes, / un verso apenas / recorriendo la noche, / la poesía del agua / que abraza el mar.

En la consumación (remate y cumplimiento) del poemario, la luz y el agua se unen a la materia telúrica para dibujar una suerte de ontología metapoética, en poemas escuetos y escurridizos, como sirenas breves. Así, nos habla el poeta, del amor interminable, envés del olvido, de la permanencia de la memoria oculta, que nos forma y consuela, y de la nitidez de los sueños, que alumbran incertezas.

Termino esta singladura apuntando que, posiblemente fuese en septiembre, aspirando el verano sus últimos aromas, cuando Pedro Villar Sánchez concluyese, al último poema me remito, este bello libro. Posiblemente, digo, pues los espejos del agua nunca descansan y nos ofrecen, atemporales, el reflejo de lo que somos y de lo que no somos.

Y ahí ha encontrado este hombre bueno el canto efímero e inmortal de la poesía. En esa sed de la mirada, en esa angustia y gozo. Y es que este hombre, este poeta anfibio, cruza solemnemente la tierra hasta confundirse con el mar, con su cristalina lámina, hasta impregnarse de él, hasta solazarse con sus volutas saladas, hasta darse de bruces con la palabra especular, con la idea, con el amor, pues sabe que Un solo verso puede salvar a un poeta.

Art Nouveau. Valencia, por José Iniesta

Conozco bien a este poeta, Luis Miguel, es un hombre de noble corazón que sabe prodigarse en el arte de hacerse querer. Aprecio su amistad, y he seguido con emoción su andadura lírica, su atrevimiento y humildad en cada uno de los libros que siempre me ha regalado, la entrega y libertad con que ha escrito la vida en cada poema. Quiero destacar su vitalismo y que siempre fue valiente y atrevido, que su avance por la densa selva de las letras a menudo asumió riesgos, que siempre apostó por una honda verdad que no se acomodaba, por un temblor y misterios que son huéspedes en su espíritu rebelde, inconformista. Nos encontramos, aquí y ahora, para conocer y escuchar los versos de Art Nouveau, para hablar de este poeta y ver qué es capaz de hacernos sentir y asentir, para acoger en nuestro pecho las voces de este hombre. Art Nouveau es un libro poliédrico, un rico collage de miradas, reflexiones y tonos, de métricas y músicas, de asombros, impulsos y desdenes que en su humano discurrir descifra la luz y el enigma de qué es la poesía, de qué es el arte y qué la vida. Palabra que se pregunta por el origen y el fin de la palabra, río secreto de la voz hacia sus desembocaduras, caudal del canto que fluye por los cauces del tiempo. Armonía y estrago, creación y libertad para delimitar al mismo acto creativo, para nombrar su conmoción, su gloria humilde y su inutilidad. Conjunción y suma de voces, desde la vida siempre, para desvelarnos lo que es único, manantial del poema, el hallazgo de lo recóndito, el oro de un verso que florece entre el dolor y la dicha.

En Art Nouveau también encontramos mestizaje y modernidad, certezas del hombre que duda. Y provocación, contradicciones. Perplejidad para apuntar más alto, al hallazgo de poder expresar el misterio que somos, las demoliciones de los minutos y de los años. Luis Miguel, este poeta amigo, es un entusiasta con ciertos rasgos de melancolía, y una alegría que a veces roza la tristeza. És fácil quererlo, ahora lo veréis. Su poesía sorprende por su libertad, encuentra su alimento en la raíz oscura de la belleza, y jamás miente, eso se nota. Su rebeldía viene de lejos, no se conforma; asume que cantar la vida es un aprendizaje sin final y es jugársela. Su atrevimiento es saber jugar con los fracasos y las palabras, con las pérdidas y los hallazgos, a la luz de un buen corazón siempre. Con una voz muy personal, desde un ritmo que nace dentro y conoce su tradición, este poeta rompe y conforma, rasga los velos y edifica, encuentra la música siempre de aquello que quiere nombrar, derrama su lluvia y la sed sobre nosotros. El título Art Nouveau nos da la clave, es un lugar de partida, nos ubica en su intención y apunta hacia una poesía que se columpia entre tradición y vanguardia, entre el tiempo pasado y un tiempo futuro, que alcanza lo nuevo con una voz antigua. Esta poesía es un vuelo rasante y arriesgado sobre la realidad. Su escritura siempre es oración y juego, asombro por lo que existe y se nos da. Este poetaniño disfruta bajo el sol de los días con los materiales del barro y la palabra, llora y se atreve. Son enormes siempre sus deseos en la realidad, acierta y canta y se equivoca con el juego serio de su propio existir.

Art Nouveau está conformado de cinco partes y una despedida, seis raras piedras inquietantes que al unirlas edifican su casa de luz y grito, de temblor, de regresos y despedidas, de amor profundo por la belleza primordial, tempestades serenas en los territorios de la escritura.

Este libro poliédrico, con seis caras, se inicia con el apartado Génesis, donde el poeta nos desvela en un amanecer de lluvias, en el mismo murmullo del agua sobre la tierra, el lugar donde nace la poesía. Hay aquí una mirada nueva, atenta sobre lo que acaece ante la naturaleza, se constata el misterio, florece dentro de la carne la chispa que en su metamorfosis será hoguera de un arte nuevo, dimensión de la rosa del canto.

Menester del poeta, la segunda parte del libro, nos habla de las necesidades y de la búsqueda verbal, de su alta aventura. También de los posicionamientos poéticos y sus leyes secretas que siempre son del corazón, de sus autores de referencia y su personal ajuste de cuentas para quedar en paz, de su necesidad por innovar en la expresión y recrearse, de su huida del aburrimiento porque poeta es el que vive en la escritura / sabiendo que escribir es imposible, y es conocer la sombra / y aún así mantenerse. Anclaje en el dolor para encontrar la serenidad en este viaje a ninguna parte, salvación gracias a la luz, mestizaje de versos clásicos con haikus en un discurrir alucinado que sabe hallar su música, apoderarse de un silencio adentro que canta, un canto que parece temblar entre dos nadas, y que es razón de amor. Hay un poema sensitivo, de hombre desvalido y con un aire a Jaime Gil de Biedma, creo, que nos da la respuesta de por qué escribir, de por qué este hombre se aventura tan desnudo en la poesía, ese lugar donde alzar la propia luz sobre los hombros. Se trata de Renacimiento (p. 24).

Arte nuevo, la tercera parte, bucea en las manifestaciones de la creación y en la geografía del alma del hombre moderno: un alma que camina por una ciudad de nostalgias y de ruidos, de maquinarias y rebeliones en un tiempo vertiginoso de humaredas, un clamor de fábricas y violines, de cristales rotos, columnas de acero silencioso / que trepan como hiedra buscando los tejados. Transformaciones y golpes para desaparecer, edificios levantados de cristal y de hierro, colores del sentir en la penumbra. El volumen de la soledad convertido en arte, la decoración convertida en grito, vendaval de la Historia. Y los cuchillos silbando en los espacios donde un nuevo hombre desea recuperar el tiempo.

En Tempus fugit, la cuarta parte de Art Nouveau, el poeta dice no hay sometimiento en mis palabras. Con libertad expresiva y encadenado al amor, el poeta evoca edades donde la carne se estremece, recuerdos que saben a gloria y a cenizas. Porque también somos lo que fuimos, los abrazos y los besos se funden con las pérdidas, con la piel dulcísima de los estragos, la riada de sucesos que nos arrastra hasta la desembocadura del presente.

Aquí hay poemas que son heridas y son rosas. Gracias a la poesía, la destrucción del tiempo nos entrega lo perdido, nos restituye del dolor, nos hace huéspedes de la casa misterio, nos concede un sentido por amor, allí donde otros ojos aún nos están mirando desde la lejanía de una noche que no existe. Me encantaría que leyera Trauma primigenio.

El que siempre dispara, quinta sección, es un tratado personal y emocionado sobre pintura, música y poesía, desde la vida. Se apuntan formas y maneras de ser ante la creación, riesgos asumidos, dudas y certezas. Reflexión sobre la belleza y sus búsquedas. Galería de arte por donde vemos pasar a algunos de aquellos que se entregaron: el maestro Óscar Esplá, Gamoneda, Baudelaire, Claude Debussy, Leonardo da Vinci, los novísimos, los poetas malditos, a Sorolla pintando en la Malvarrosa.

Jerarquía del crepúsculo, el final de Art Nouveau, es un solo poema titulado Despedida, donde el poeta se cuestiona si abandonar su oficio con un tono casi tragicómico, con una seriedad que nos hace sonreír porque sabemos que no va a ser así, que a este hombre no le queda otra. También esta parte es un pequeño legado, una colección de intenciones y condiciones, un ajuste de cuentas con el arte que nace en los arrabales de la misma vida.

Todo cabe en el espacio de una canción, parece que diga Luis Miguel en Art Nouveau. Como en las creaciones modernistas de Gaudí, uniendo con armonía materiales tan distintos, con el azulejo roto del alma y el vidrio del dolor, con la madera noble del asombro y el mármol del pensamiento, con el hierro fundido de amor y el aliento del barro, este poeta construye con palabras y aire y vocación una casa diferente, un refugio bajo los vendavales del mundo: el espacio amigo de su poesía. Búsqueda e indagación para nombrar quiénes somos, qué, dónde, hasta cuándo. Necesidad de posicionarse ante el hecho poético, urgencia por cantar, explosión del verbo capaz de iluminar lo oscuro. Art Nouveau es ante todo un acto de amor a la palabra, un elogio a la libertad cuando creamos. También comprender que escribir poesía es siempre aprendizaje y aventura, vitrales del alma donde canta la luz con la sola materia de la voz, vértigo y plenitud al asomarnos en la cumbre, piedra que somos cayendo a sus abismos. Sístole y diástole, cauce y caudal, conmoción de la sangre, antigua melodía del silencio del mundo...


Presentación en Alicante de Notas para no esconder la luz, de Faustino Lobato, por Luis Miguel Sanmartín

Comenzaré diciendo que siempre me resulta delicado hablar de algo tan íntimo como es un libro de poesía y, más si cabe, cuando a eso le añadimos que el autor al que vamos a tratar es alguien muy querido. Ya nos advertía Rilke al respecto en la tercera de sus Cartas a un joven poeta, pues con contundencia expresaba su rechazo a la labor de la crítica literaria, por considerarla incapaz de acceder a la "ciudadela del misterio creador".

Y dicho esto, a mí me gustaría empezar por lo primero que me encuentro al tener el libro entre mis manos, con el título, NOTAS PARA NO ESCONDER LA LUZ. Al hojearlo, con h, es decir, al ir pasando sus páginas con una primera intención de situarme dentro de él, me doy cuenta de que dicho título define perfectamente el interior.

Y esto me lleva, como del rayo, a su estructura, uno de los fuertes de Faustino Lobato, esa arquitectura seductora que traba todas las partes del libro con actitud explicadora, con gusto y originalidad. Tan es así que cada capítulo se inicia con unas notas versificadas que irán haciendo de guía en cada uno de los poemas de los que se van componiendo las partes.

A su vez las partes principian con poemas en prosa que el autor ha querido ofrecernos de manera bilingüe, en español y en portugués, reflejando el amor a las lenguas de sus puestas de sol; lo diverso de la mirada en el conjunto del discurso.

Inaugura el volumen una cita de José Iniesta, sin duda uno de los poetas más luminosos de la actualidad, que contextualiza el ideario de este conjunto de poemas; nos dice Iniesta: Ya somos en la cumbre lo profundo,/ y aquí todo caer se me hace vuelo/girando sobre el eje de la luz,/olvido de mí mismo en la ignorancia.

Le precede un magnífico prólogo de Santiago Méndez, escritor pacense y amigo personal de Faustino, que acierta en las claves de esta más que interesante andadura, y así nos dice: Hay una búsqueda, pero no explícita. La luz se impone y, a su vez, es el hilo conductor del libro. La luz incierta del alba que da contorno a las cosas, hasta ese momento, oscuras. La luz externa y, sobre todo la que vive dentro del ser humano, que es la que más interesa y, al mismo tiempo, más temor causa a Faustino Lobato.

Posteriormente, en el pórtico del grueso poemático, una cita de Carlos Marzal, extraída de su poema El combate por la luz, contenido en el libro Metales pesados, nos declara las intenciones de Lobato, y así nos dice el valenciano: De tanto ver la luz hemos perdido /la recta proporción de ese milagro, /que otorga a la materia su volumen.

Y Faustino se da perfecta cuenta de esa ingratitud, de ese exceso de vanidad. No es un mérito propio el día que sucede, la luz que nos visita y nos sorprende, la ocultación de las formas tras la tarde y su verdad creciente, duda y misterio en la concavidad del claroscuro.

Y él se da cuenta, como decía, mientras camina y observa, se piensa y se vive, como cualquiera, desvalido ante el misterio; necesitado de respuestas, se hace las preguntas. Y ahí está la poesía, en esa búsqueda interminable de la luz, el ascenso a la idea, el milagro de lo que acontece.

Miramos tantas veces con los ojos vendados que ni siquiera nos damos cuenta de nuestras propias contradicciones, del incierto paraje que es la vida. El poeta Faustino Lobato camina y anota. Anhela alumbrar los recovecos de la in materia, los más temidos, los nuestros, esa sed que ni somos, un lene vapor informe si no fuese por la luz que rellena el contorno y lo muestra, lo hace caricia ante los ejes sombríos del espacio y el tiempo.

La luz es una forma de energía que ilumina las cosas, las hace visibles y se propaga de un modo infinitésimo. Así como la poética de Faustino Lobato, en la que se confunden lo experiencial, la lírica del pensamiento, la mística cercana y la participación, referida esta al concepto platónico al que recurriría Claudio Rodríguez al definirnos la poesía.

Y todo esto a través de esa amalgama sonora y colorida que significa y no es otro elemento que la palabra.

Y ¿Cómo es la palabra de Faustino Lobato?

Es limpia. Podría decir clara, pero me sale decir que es limpia, pues está desbrozada para que penetre la luz y brille con sencillez.

Es pétrea, como guijarros de un lecho por el que fluye un caudal casi insonoro, sin ruidos, con sonidos que podrían olerse en el silencio de la nada;decir es también saber dónde callar.

Es una palabra iluminada. Iluminada por la música del verso libre, la libertad que asume y ofrece aquel que sabe lo que quiere decir.

Y es una palabra esencial, pues al poeta le brota renovada por la contraposición de su mundo interior; el abrazo necesario entre los espacios intra psíquicos y la realidad extra mental.

Acabo ya diciendo que NOTAS PARA NO ESCONDER LA LUZ es un itinerario o, como bien dice su acertado prologuista, una road movie, que se concentra en el día y su periplo lumínico, que se desarrolla al paso, al más puro estilo del poeta observador.

Es un libro sincero en el que priman las sensaciones; un polvorín emocional contenido por la sabiduría de la creación literaria, que palía la indefensión del ser humano ante la ignorancia de las respuestas.

Notas para no esconder la luz es, para mí, el mejor libro hasta la fecha, de Faustino Lobato.

Es el libro de un poeta que ha alcanzado un nivel de escritura, una verdad en el decir, una madurez y un conocimiento, que lo sitúan ya en lugares de privilegio dentro del panorama poético actual.

Luis Miguel Sanmartín.

Librería 80 mundos. 

Alacant, 22 del 02 del 2020


TRECE, un libro sobre un acróstico, por Faustino Lobato

TRECE, es el último libro de poemas de Luis Miguel Sanmartín, editado por Olélibros, [Valencia, 2019]

Luis Miguel, es uno de esos poetas que vive la literatura como una forma de existir. Un escritor incansable en su búsqueda de nuevas formas de presentar la realidad lírica. Conocedor de la literatura clásica, es alguien con una gran capacidad para aprender de todos y de todo aquello que pase junto a él.

Es alguien con voz propia, entregado al resurgir cultural de su ciudad, Alicante. Algunos tenemos la suerte de conocerlo y aprender de él una forma, poco común entre los poetas, de ser generoso con los otros.

No podemos perder de vista a este escritor que navega entre lo clásico y el ensayo metapoetico. TRECE, es un ejemplo de todo lo que acabo de exponer.

TRECE, es un libro construido sobre un acróstico.

Un acróstico es un poema que con las letras iniciales forman una expresión, una palabra. En el caso de Luis Miguel Sanmartin la palabra TRECE da paso y compone un entramado de palabras que dan forma a los capítulos, así: Con la T, TERCIOS / con la R, RUMIANTES / con la E, ESPÉCULO/ con la C, COROLA/ con la E, ESTIQUIO.

Cada uno de los capítulos componen, en sí, un universo literario, muy a tener en cuenta de esta forma:

-Tercio apunta hacia la métrica, hacia el lirismo;

-Rumiante diseña, en trece poemas, en el hecho de comer y crecer, con la idea de masticar la jugosa incerteza, de la versificación. Un capítulo donde palabras con r convocan los versos del poema. De esta forma: recuperar [1] / roma (lisa) [1] / racimo [3] / raspón [4] / ruiseñor [5] / raíces [7] / reseca [8] / relame [9] / respeto [10] / rumiante [12] / respirar [13].

-Espéculo, es el calor y frío de la mano/ cuando ha perdido el paso hacia lo húmedo.../ Cada uno de los trece poemas van diseñando este especulo como un cristal en la crin del no espejo...donde no queda más remedio que escribir poesía...los versos más hermosos que jamás/ se hayan imaginado.

Corola, es un capítulo donde los sentidos aparecen de manera notoria, cuando se dice en sus versos el:

Tocar la entrepierna dulce;

Saborear, gustar, la desnudez del inmoral, esclavo de la mujer sedante y atrevida...Y en el mismo tazón... lamer la leche...las ciruelas...las algas;

Oler el aroma del pétalo / separado de sí;

Ver retales y reluz / tramos de viento en calma...la corola que desiste / al despuntar los cuerpos su poder;

Oír el silencio/ con su cauce de musgo resbaloso...

-Estiquio, es el apartado de los versos alejandrinos partidos a la mitad como el juego de un terremoto lírico que quiere mostrar la belleza del verso. Trece poemas numerados en griego, como un guiño a lo clásico, a la base de nuestro sentido de razonar...y al mismo tiempo mostrando la poesía como una realidad efímera fugaz / un centelleo ambiguo y a la vez una almena /sólida y antiquísima un oleaje infiel.

Con este libro nuestro poeta nos adentra en el mundo no del número trece, con el que juega para construir sus páginas, sino en el hecho mismo del hacer poesía, respondiendo a un deseo interno por el que termina diciendo: venceremos la sed de la palabra/ en el fulgor biunívoco /de la imagen creándose.

Es importante que, al querer adentrarnos en esta catedral del verso, con formas aparentemente cripticas, no busquemos una lírica al uso sino un amor a la palabra mirada de manera poliédrica, en todas sus mil maneras de expresar y conjugarlas.

TRECE es un libro para leer y releer, para detenerse en las mil ventanas por las que entra la luz del verso apuntando a múltiples mensajes, a diferentes sorpresas capaces de cautivar al lector. Y en este gesto espontaneo del sorprenderse al el visitante se le pide -sin decirlo- docilidad para dejarse guiar por un pentagrama (cinco capítulos) donde la música que aparece no es sólo un juego de palabras puestas por el autor sino también la emoción del lector, que se deja empapar por lo que en cada capítulo se contiene.

TRECE, no es ya un número sino las emociones de unos versos que empapan el alma, lo que se ama, bañando de luz la soledad y la memoria, ahí donde se oculta la forma sencilla de ser, haciendo cercana la lluvia, entre la mentira del deseo / y la certeza de la nada, más allá de la muerte.




TRECE

Luis Miguel Sanmartín
Olélibros, 2019

"Trece" es el ultimo libro publicado por el poeta alicantino Luis Miguel Sanchez Martinez, en Olé Libros, en la colección Imaginal, un poemario lleno de resonancias verbales y metafóricas que buscan la experimentación en la forma para llevar al lector a un estado desde el que adentrarse al poema de manera distinta e inusual, creando un extrañamiento de hermosas resonancias poéticas. Un libro de experimentación inteligente que dota a las palabras de significados y de imágenes a veces inquietantes pero siempre con valentía y honestidad buscando la belleza y la sugerencia del lenguaje y su carga afectiva por caminos poco transitados, donde la métrica mantienen el ritmo y una musicalidad cálida y armónica.Nos anima a ahondar en las palabras para descubrir en ellas su temblor o su vacío, o redescubrirlas pero siempre desde el ámbito emocional que aflora a nivel consciente e inconsciente. Un libro para disfrutar, al que acercarse con los ojos y oídos abiertos, un poemario a veces onírico, otras irónico, laberíntico, cotidiano, reflexivo y simbólico que he disfrutado leyendo y saboreando cada uno de los versos, siempre desde "el respeto a la osadía" en palabras del poeta, y a los libros que nos hacen amar y sentir la poesía de otra manera, más honda menos superficial, más sugerente. Poesía, en definitiva, sin prejuicios, escrita desde el asombro, que descubre una voz propia y un excelente libro.

Pedro Villar Sánchez
agosto 2019



ÚLTIMO LIBRO DE LUIS MIGUEL SANMARTÍN: "TRECE", DE EDITORIAL OLÉ LIBROS

Luis Miguel Sanmartín acaba de escribir el poemario titulado TRECE -me imagino que tendrá que ver con la suma de los números impares de Fibonacci- en el que, como se dice en la introducción: «Le gusta experimentar con nuevas formas métricas». 
Gracias, Luismi, por el rato agradable que me has hecho pasar y por lo mucho que he tenido que hilvanar para seguir algunas de tus intenciones y términos inventados y metafóricos, aunque la mayoría se acercan a la lógica daliniana de los relojes colgantes presos en un mundo surrealista. A veces el desconcierto buscado te acerca a la verdad inventada de lo imposible. Todo un cuadro de insensateces en un mundo insensato lleno de incertidumbres, sinsentidos y música escondida en una combinación de métrica perfecta. Mi enhorabuena. 
Disfruté mucho leyendo tu libro en el que de manera muy original te adentras en el misterio de ese número sagrado para los mayas, de los espíritus malignos para la cábala de los judíos o de la mala suerte para los supersticiosos. Resalto los poemas -también trece-: "Eptá": "Once", "IV", "VII", "XI", "XII", "Tercero", "Octavo", "Décimo", "Tría", "Októ", "Raíz cuadrada de 169", "X", "Eptá". 
Mi enhorabuena por este interesante libro que no dejará impasibles a los lectores y que encontrarán en él un manantial de fresca y original inspiración.

Vicente Barberá Albalat, julio 2019


...Y ahora somos tres
Luis Miguel Sanmartín (Sánchez Martínez)
Ed. Poesía eres tú, 2018

Nos encontramos ante un libro total donde las emociones se atropellan con el deseo al ritmo propio de un poeta maduro. Por eso no estoy muy de acuerdo con lo que expone la contraportada de este libro. Señala que es una reflexión sobre la necesidad de amar y el temor a la soledad. No es que no crea que sea así sino que es mucho más de todo eso.

Al inicio del poemario, de seis partes definidas, se encuentra una dedicatoria particular, A cuantos por acción u omisión alentaron este libro. A mamá, a papá / A Cris/ A Nicolás. Al escribir alentar nuestro poeta subraya de forma amable la necesidad de sentir apoyo en este primer despegue literario. Importa decir que este primer trabajo de Sanmartin es de gran altura.

Después de la dedicatoria aparece una cita cabecera de Li Bai, poeta chino del siglo VIII, el mayor de los poetas románticos. Su cita da nombre al poemario. Levanto mi copa, invito a la luna/ y a mi sombra, y ahora somos tres. Al final del libro, en otro de los poemas, El poeta inmortal, se vuelve a hablar de este escritor oriental. Baste señalar que desde esta cita se adivina la intencionalidad de esta obra.

Tengo que señalar, a nivel de forma, que el libro presenta la riqueza cultural que nuestro poeta tiene sobre el oficio de escritor como es, por ejemplo, la mezcla de versos heptasílabos y endecasílabos. Esta forma de trabajar marca la tónica de todo el poemario, provocando que los versos tengan un maravilloso ritmo. Luis Miguel, al igual que Li Bai (autor de referencia), detiene el remo/ desea la belleza quiere amar...

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Faustino Lobato 
2018


"Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres".
Ly Bai

Poeta alicantino que irrumpe en el mundo del verso como si fuera el viento de Levante: fresco y enigmático. Su poesía alegre, sensual, natural y distinta crea un mancomunado esfuerzo para facilitar y acercar la lírica poética al lector. Luis Miguel consigue atraer adeptos a la lectura del verso, del poema, gracias al cuidado de su trabajo poético.


LA NOCHE
la noche es un zumbido
de crisálida o musgo

estrechando unas sombras
entre paredes púrpuras


la noche es una máscara sin labios
una mueca del tiempo
una quimera rota es un exilio
de lámparas y pieles


PLACERES
cúspide tú de mi
y en tu piel yo aguacero
esquirlas de cristal
los labios porticados
epicentro epicentro
las raras muecas del placer
esa pueril costumbre mía
de asemejar tus labios a las algas muertas

LA SONRISA DE LOS NÍSPEROS
tú eres la sonrisa de los nísperos
la cal y su azucena silenciosa
tú eres la cadencia de los árboles
llegas a mí en un vaivén de lluvias


busco palabras lúcidas en tu alma
recuerdo aquellos versos irreales
que me hicieron querer ser un poeta
y ahora eres tú duna y poesía


abrázame a la sombra de tus manos
dame cobijo en cada canturreo
de esos ojos de negrura sonora


mi vida es un acróstico que lleva
las letras de tu nombre en cada inicio
y la fuerza del viento en la mirada

poemas de su libro "...y ahora somos tres"


Luis Manuel Moll Sanz
abril 2018


POEMAMUNDI, de Juan Carlos Martín Ramos

Hablemos de poesía, hablemos de un magnífico libro que con todo merecimiento se alzó en 2003 con el Premio Lazarillo de creación literaria; premio de gran importancia que promueven la Organización Internacional para el Libro Juvenil y el Ministerio de Educación y Cultura.
Hablemos, pues, de Poemamundi, editado por Anaya.

Estructurado en tres capítulos, a cual más interesante, Juan Carlos Martín Ramos nos propone un mundo tan onírico como real, la utopía posible, el sueño como metáfora ontológica. Y lo hace con versos libres y zumbadores que saltan de imagen en imagen recogiendo el polen de la mirada limpia y verdadera.
Poesía clara que zarandea dulcemente y deja en la sutileza de su dinamismo el regusto de la reflexión: "Hay caminos que se cruzan,/que nunca se encuentran,/caminos que van al mismo sitio/por atajos diferentes."

La poesía atraviesa el espacio y el tiempo. No es de nadie y es de todos. Vuela libre y deja constancia de su ser por donde pasa.
La poesía es para el poeta un todo que ha de unirse al todo, una ilusión que llevará la palabra hasta los confines del globo terráqueo: "En cualquier parte del mundo/puedo buscar un tesoro,/inventar mi propio cuento,/sin nada, tenerlo todo."

En este libro se abordan, compromiso en mano, temas sociales como la pobreza, el reparto equitativo de la riqueza, el derecho a la educación, la paz mundial; con un estilo directo y concreto, sin perder de vista aquello que nos dicen que es el mundo, tejido o destejido, aliado o enemigo, anhelado o negado. La palabra del poeta apunta a la certeza, a lo verdadero.
El planeta puede ser una buena oportunidad de perderse sin temor en él, o todo lo contrario, el miedo a estar perdido. Y sea como fuere, siempre tendremos la palabra alumbrando nuestras sendas.

Las utopías también tienen cabida en este poemario. Al tiempo que se "atan los bigotes del tigre" se le hace un celebrado guiño a la maga Gloria Fuertes, nos sumergimos en la mirada incesante del titiritero - ese alter ego, o el ego mismo, tal vez -, buscamos la palabra exacta que defina la acción precisa, nos arriesgamos a la sed de los países imaginarios, esa sed real de crear mundos diferentes, mundos para osados soñadores: "¿Quién se atreve a dibujar/duendes en el humo de las teteras?"

El viajero, la voz poética, acerca el mundo a su ser y lo cobija en un ser en el mundo y con el mundo, confundido en sus límites y por lo tanto ilimitado; que sea la imaginación esencia epistemológica de la vida y el poema, que nos caben muchos mundos en este devenido en apariencias: "He estado a la vez/dentro y fuera del libro,/libre entre las cuatro paredes/de mi imaginación."

En el último capítulo aparecen poemas donde la rima asonante se hace presente, en un afán de redondear formalmente ese mundo plural y colorido que nos muestra con tanta determinación Juan Carlos Martín Ramos.
El poeta se vuelve todavía más reflexivo y descubre en los alrededores de su intimidad otros mundos que delatan la presencia del tiempo en nuestras vidas. Tempus fugit, nos viene a decir desde el meollo de la estrofa: "Ya no me parezco al niño/de la foto/que sonríe en el tiovivo."

El torrencial ramillete lírico se remata con un bello poema, "La última página", en el que se expresa el deseo de la claridad y la exactitud, de la identidad con el semejante, de la comprensión, de lo cíclico y perpetuo: "Debo dejar las cosas claras,/que no haya puntos suspensivos/al final de la página,//que puedas reconocer en el aire/el rastro que dibujan mis palabras."

Enhorabuena por este libro tan inspirado como bien trabajado.

Salud, risas y abrazos a capazos.

Luis Miguel Sanmartín
marzo 2019


POEMAR EL MAR
Antonio García Teijeiro
Xan López Dominguez, ilustraciones
Ediciones Anaya. 2018


Lo primero que me viene a la cabeza, después de haber tenido la suerte de encontrarme con este libro, es lo entrañable que me resulta la idea que lo nutre. Antonio García Teijeiro pretende - y sin lugar a dudas consigue - atrapar el mar en versos que juegan entre la rimas como si fuesen olas que van y vienen. Versos que mojan y burbujean en el alma, versos que envuelven de una sed lírica que no se agota; como el mar.Las metáforas nos llegan como caricias dulcísimas del viento y a la vez pellizcan nuestra conciencia.
Poemas llenos de imágenes que activan el pensamiento y el corazón; sensorialidad impregnada en la palabra del poeta. Poemas que cantan los desvelos y preocupaciones por el devenir del mar, pues la poesía bella no anda exenta de mensaje. Un ideario a la altura de su imaginario.
Así el poeta nos expresa lo dicho, en versos como estos: 

"El mar
está triste,
con muchas heridas.
Unos peces se ahogan
¡ Salvemos su vida ! " 

Y lo expresa con la forma física del oleaje y el movimiento de los peces, es decir, de manera escalonada, como un vaivén, como un sumergirse y ascender queriendo cerciorarse de que todo está en su sitio, de que el mar sigue su evolución natural.Los juegos de palabras nos remiten a una infancia marinera. El son de mar habita en el interior del poeta.
El poema, se convierte así en la consecuencia del juego, o incluso muchas veces es el juego mismo; esa función lúdica tan necesaria de la poesía que nos conecta con el ser que siempre fuimos y no queremos abandonar. El poeta es un niño que juega y sueña, y percibe la realidad en tal proceder y nos la ofrece limpia, con la belleza de lo puro. Así, encuentra palabras para dar salida a sus anhelos. Nos dice el poeta: 

" He encontrado
una palabra
que rima
con la sonrisa del mar:
sonrimar. " 

 ¿Acaso no es esta recreación del lenguaje una de las formas que la luz de la inspiración ofrece a la poesía?El efecto de la personificación le da al poemario una entidad que nos hace establecer un diálogo con el propio mar.
Y es aquí donde reside otro de los misterios que otorgan claridad al acto poético. Y este misterio que ilumina y asombra, no es otro que el hecho de comunicarse. Esa facultad para la que fue creado el lenguaje. Escribir y leer es comunicación en plenitud, y para ello el poeta utiliza todos los recursos estilísticos y expresivos que le son necesarios.
Y así, retomando el pórtico de esta reseña, concluyo mi comentario diciendo, que después de haber leído esta propuesta de Antonio García Teijeiro, puedo afirmar sin temor a equivocarme, que estamos ante un libro atractivo y bien construido. Poesía que se siente, que acaricia y envuelve, pero también, como el mar, rompe, burbujea y nos lega la espuma

Salud, risas y abrazos a capazos.

Luis Miguel Sanmartín
enero 2019